Este es el procesador más potente de Intel pero no lo verás en una PC


Fuente: ÁNGEL JIMÉNEZ DE LUIS

Atlanta

El Xeon Platinum 9200 está destinado a centros de datos y es capaz de realizar 3,2 billones de operaciones por segundo. En 2020. Apple se preparará para abandonar los procesadores de Intel. En una industria acostumbrada a la miniaturización, el último y más potente procesador de Intel resulta casi cómico.

El Xeon Platinum 9200 tiene el tamaño de un posavasos y un peso que roza los 300 gramos. Hay una buena razón para ello y es que en su interior esconde nada menos que 56 núcleos de procesamiento. Es una bestia capaz de realizar 3,2 billones de operaciones por segundo.

Pero a diferencia de otros procesadores de Intel no lo vamos a ver dentro del próximo portátil o PC sobremesa. Se trata de un producto creado específicamente para servidores y grandes centros de datos. La línea Xeon de Intel a menudo se utiliza también en ordenadores orientados a público profesional pero suelen ser máquinas con propósitos muy específicos, estaciones de trabajo para aplicaciones científicas o proyectos de ingeniería.

Este 9200, por ejemplo, será uno de los muchos cerebros del próximo superordenador del HLRN, la Alianza de Supercomputación de Alemania del Norte, una organización creada para dar infraestructura a varios centros educativos y científicos en el corazón de Europa.

Su lanzamiento, acompañando a la segunda generación de procesadores escalables Xeon -conocida con el nombre en clave de Cascade Lake-, demuestra no obstante que incluso Intel, que hasta hace poco casi podía considerarse como sinónimo de la informática personal, está ya viviendo en una era post PC.

Esta línea Xeon busca reforzar en realidad su posición en el mundo de los servidores y centros de datos para protegerse de la caída en ventas de la informática tradicional. En el primer trimestre de este año se vendieron en todo el mundo 58,5 millones de PC, una cifra un 4,6% inferior a la del mismo periodo del año pasado, según la consultora Gartner.

Intel, por tanto, empieza a desviar la atención hacia mercados donde la renovación de equipos es más predecible y donde las necesidades de computación están aumentando de forma exponencial. “Estamos tratando de crear un catálogo de componentes que permita mover y almacenar rápidamente una cantidad masiva de datos”, explica Lisa Spelman, vicepresidente de Intel y responsable de la línea Xeon.

Además de la segunda generación de Xeon escalable, Intel ha lanzado también una gama de procesadores bautizada como Xeon D pensada para centros de datos de pequeñas dimensiones y menor consumo, situados por lo general más cerca de los usuarios finales y que en infraestructura de red han pasado a conocerse como ‘edge computing’ o computación ‘en el límite’.

Estos servidores son en buena parte responsables de la experiencia de uso final de muchas aplicaciones cotidianas, como el consumo de vídeo bajo demanda, y es donde los avances de los componentes se pueden notar más. “Cuando estás viendo un vídeo o una emisión en directo por Internet y el vídeo se entrecorta o pierde resolución, es una mala experiencia. Es en estos casos donde realmente ves la importancia de tener mejores procesadores y memorias”, según Spelman.

OPTANE

La memoria, de hecho, es otra de las nuevas estrellas del catálogo de la compañía de Santa Clara, que ha anunciado por primera vez módulos de memoria persistente basada en la tecnología Optane.

A diferencia de la memoria RAM convencional, estos módulos no pierden la información almacenada al apagar los equipos o dejar de recibir corriente, lo cual puede ser una ventaja importante. “Si piensas en un negocio que sufre un corte de potencia con un servidor para CRM de tamaño medio, recuperar la funcionalidad del servidor y cargar de nuevo los datos puede llevar horas” afirma Spelman.

Estas memorias son mucho más rápidas que los discos SSD y que los discos duros convencionales, y también más duraderas, lo que es especialmente beneficioso en arquitectura de servidores en los que se reciben y procesan grandes cantidades de datos y hay que realizar constantes operaciones de escritura y lectura. Cada uno de los DIMMs (módulos) de Optane tendrá el mismo tamaño que los destinados a memoria RAM pero ofrecerán hasta 512 GB de capacidad.

En algunas arquitecturas y para ciertos procesadores esto quiere decir que se podrán configurar servidores con hasta 36TB de memoria pero además permitirá ampliar el número de aplicaciones porque la memoria RAM no puede competir en precio en esas capacidades y supone la mayor parte del coste de un servidor. “La RAM no va a desparecer, pero Optane tiene más sentido en ciertos tipos de servidores donde es necesaria una gran capacidad de memoria que sería demasiado costosa o imposible de lograr simplemente con RAM”.

Estos módulos de memoria, eso sí, sólo funcionan con la nueva generación de procesadores de la compañía, lo que limita el mercado potencial. Las dimensiones físicas y conectores son en cualquier caso similares a las de los DIMM de RAM y no será necesario rediseñar placas base. Intel también ofrece Optane para consumidores domésticos como complemento a discos de memoria sólida SSD, pero no son una opción popular entre los fabricantes de ordenadores.